martes, 2 de febrero de 2010

Entrevista a SERGIO SINAY

"Una luz en la sociedad de los hijos huérfanos"
ENTREVISTA A SERGIO SINAY ( Por Oscar Gerez )
-La siguiente entrevista  fue publicada por El Liberal, de Santiago del Estero, el 22 de agosto de 2009-

-¿Vivimos en una sociedad de hijos huérfanos? ¿Cómo es este nuevo espacio de la realidad social argentina? ¿Esta situación se da también en las provincias?

-Sí, vivimos en una sociedad de hijos huérfanos con padres vivos y, en la mayoría de los casos, presentes y convivientes con los hijos. Son padres que perciben su función como una carga y sienten que los hijos los apartan de sus intereses y urgencias personales. Entonces se desentienden de los hijos, descargan la responsabilidad de la crianza en otros: escuela, clubes, boliches, cyber cafés, televisión, Internet y todo tipo de adultos (entre ellos los narcotraficantes) que usan a los chicos. Estos padres revelan así su propia inmadurez, su negativa a crecer, a ser adultos más allá de la edad y de la imagen o el rol social. Ser adulto es ser responsable, hacerse cargo de las consecuencias de las propias acciones, vivir con valores y traducir esos valores en acciones, tener proyectos trascendentes más allá de lo económico y material. Los hijos de esta sociedad están funcionalmente huérfanos. Quienes deben asumir las funciones paterna y materna en su gran mayoría no lo hacen. Los resultados son trágicos y están a la vista. Los jóvenes, a la deriva, son presa de la droga, de la violencia (como víctimas y ejecutores), de la ignorancia, del vacío existencial, se matan en las rutas, en los boliches, muestran una pobre capacidad de lectura, de comprender lo que leen, de expresar ideas, de formular proyectos. La orfandad de la que hablo no es gratuita. Y, sí, esta tendencia, también se verifica en las provincias. Conozco mucho el interior, viajo, estoy en relación con docentes, terapeutas, sacerdotes, personas preocupadas por lo social y sus testimonios son terminantes. Pero además tengo posibilidad con trabajar con adolescentes en ciudades del interior, de hablar con ellos, y me consta que es así. Esta es una de las consecuencias no deseables de la globalización.

-¿Entonces quién está educando -o mal educando- a nuestros hijos?

-El deber prioritario de los padres es educar a sus hijos. Educar es transmitir valores y transmitirlos con hechos, con actitudes, con un modelo de vida. No un modelo para "mostrar" a los chicos, sino para adoptar como propio, un modelo en el que uno cree y respeta no sólo ante otros sino aún en la intimidad más absoluta. Educar es ayudar a construir proyectos de vida que apunten a dejar el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos y no a abandonarlo habiéndonos llenado de cosas materiales o de éxitos egoístas, al margen o a costa de los otros. Educar es transmitir patrones vinculares en los cuales el otro, el prójimo, el semejante es aceptado como alguien diferente de mí y como alguien que es un fin y no un medio. Y eso se transmite, también, con acciones, no con palabras, con presencia y no a distancia, con compromiso y no mecánicamente. Educar es mostrar amor hacia los hijos acompañándolos, poniéndoles límites nutricios, generando autoridad a través del respeto ganado con acciones. Educar es decir que no una y mil veces para dar valor al sí. Educan los padres, no la escuela. La escuela enseña, transmite información, entrena en habilidades intelectuales, conecta con el mundo, socializa. Pero si no educan los padres, "educan", en el peor sentido, todos los rapiñadores que nombramos anteriormente. De hecho, cuando nos encontramos ante un "mal educado", nunca preguntamos "¿A qué escuela vas?", sino "¿De qué hogar vienes?". Hoy, en nuestra sociedad, la mayoría de los padres no están educando. Y es una falta grave y costosa.

-¿Cuál es el futuro de esta situación y cuál debería ser el sentido de una familia que se quiere proteger de problemas como éste?

-En mi opinión una familia alcanza su sentido, su razón de ser, cuando se convierte en un ámbito de amor traducido en acciones, en el cual se acepta y respeta la diversidad y se crean las condiciones y la confianza para que cada miembro convierta en acto lo mejor de su potencialidad, y cuando todo aquello que sus miembros tienen en común contribuye al bien compartido y nutricio. Así, la familia sería el ámbito en el cuál una semilla llega ser el árbol que hay en ella. Esto requiere trabajo y dedicación. Requiere compromiso, honestidad, cooperación, empatía. No es automático. Los hijos no amarán a sus padres sólo por una razón biológica. El amor es un lazo que se construye. Como el respeto. Debemos dejar de preguntarnos qué mundo les estamos dejando a nuestros hijos para empezar a preguntarnos qué hijos le dejaremos a este mundo. Y asumir esa responsabilidad.

-¿Cuál es el rol del varón en esta problemática?, ¿Se aprende a ser padre?, ¿Adónde enseñan a serlo?; ¿Se aprende a ser esposo?; ¿Hay una confrontación entre la concepción machista del ser varón y el ser parte responsable de una familia que necesita no sólo la provisión de alimentos sino también de afectos?

-En ningún lugar se enseña a ser padre, ni madre, a ser esposo, ni esposa. No hay escuelas ni academias, no puede haberlas porque se trata de experiencias intransferibles, no de recetas, no de sacos de talla única que le deben ir bien a todos. No se enseña, entonces. Pero se aprende. Se aprende junto a un hijo, con compromiso y presencia, con ensayo y error y reparación. Se aprende junto a la pareja. La concepción machista de la masculinidad, que lamentablemente sigue siendo predominante en nuestra sociedad, reduce al padre al papel de proveedor. Provee simiente y luego provee lo material. No le requiere provisión emocional y muchos hombres aprovechan eso para ausentarse del lugar en donde más los necesitan los hijos. La provisión de modelos emocionales, la habilitación del mundo afectivo, la provisión de modelos de masculinidad que incluyan la compasión, la solidaridad, la espiritualidad, la capacidad de nutrir, de curar, de cuidar, de amar. La masculinidad hoy predominante está castrada en estos aspectos. Produce machos, pero no produce hombres. Se basa en la testosterona física y olvida la testosterona espiritual. Se necesita mucho más coraje y más fuerza (coraje del espíritu, fuerza del alma) para ser hombre que para ser macho. El macho es obediente, sigue un modelo como un autómata. No es libre. El hombre que encuentra su masculinidad profunda encuentra su libertad, es creativo, se permite vivir como un ser humano íntegro, en cuerpo y alma.

-La familia tradicional, madre, padre e hijos, es el único modelo válido o ¿Es posible que los chicos que crecen en familias ensambladas también puedan desarrollar sus capacidades y ser felices? De qué depende.

-Insisto en lo que dije antes. Una familia es un espacio de amor, de respeto, de nutrición y estímulo en el que cada uno recibe lo que necesita y crece y se desarrolla hasta encontrar su sentido y ser lo que es. En la semilla está el árbol. Yo creo, y sé que hoy éste es un tema que se discute mucho, que la forma de la familia es menos importante que el fondo. Hay familias tradicionales (papá, mamá, hijos, sin divorcio, con todas las formalidades cumplidas) en las que se recibe poco amor, se asiste a mucha violencia, a mucha mentira, a mucha manipulación. Hay familias monoparentales en donde con compromiso y presencia, se generan las condiciones necesarias. Hay familias ensambladas que se enriquecen y nutren de la diversidad y crean espacios de desarrollo magníficos. Y hay maravillosas familias tradicionales y familias ensambladas muy disfuncionales. Todo depende de las personas, de sus elecciones, de sus valores, de su responsabilidad, de sus proyectos existenciales.

-En momentos de crisis económica como la que nos toca vivir, ¿Adónde las familias deberían encontrar la fortaleza para seguir adelante sin quedar atrapadas en necesidades insatisfechas o en la pérdida de su status de vida?

-Siempre digo que así como existen las cajas de ahorro bancarias, donde uno deposito efectivo, hay cajas de ahorro afectivo. En estas cajas los depósitos se hacen con actos cotidianos de amor, con empatía, con cooperación, con respeto, con presencia y acompañamiento. Igual que las cajas de ahorro bancarias, lo que aquí depositamos es para momentos de crisis o emergencia, o para la realización de proyectos, en este caso existenciales, de vida. Y como en las cajas del banco, si no hemos hecho depósitos, llegado el momento nos encontraremos con que no tenemos fondos para responder a las circunstancias. En situaciones de crisis como la actual, las familias se encontrarán frente a sus resúmenes de cuenta afectivo. Lo que allí encuentren será ni más ni menos que lo depositado. Si habían apostado todo a lo material, la caja de ahorro afectivo estará en rojo. Si habían mirado hacia un horizonte trascendente, tendrán fondos muy importantes.

-Conozco a no pocas personas que viven en grandes ciudades que se inclinan a elogiar la vida de ciudades más pequeñas como Santiago del Estero, usted que opina...

-He vivido en Santiago toda mi infancia y mi adolescencia, y a esa época de mi vida, y a mi familia, mis amigos de entonces, mis maestros y profesores, como mi querido "padre pedagógico" Pepe Presti, les debo mucho de lo que soy. Vivo desde hace cuarenta años en Buenos Aires, he vivido en la ciudad de México. He añorado vivir en una ciudad más pequeña. Y también disfruto mucho de muchas cosas de la gran ciudad. Ambas tienen ventajas y desventajas según desde donde se mire. A veces en las ciudades chicas, los mandatos son tan fuertes que tronchan el crecimiento de las personas. Y en las ciudades grandes el anonimato hace que se pierdan lazos, solidaridad, compasión e identidad. Creo que si una persona tiene en claro el sentido de su vida, el camino de ese sentido puede pasar por una ciudad chica o una grande. Y creo que cuando uno está perdido en la vida, lo estará viva donde viva. A veces se añora la vida en ciudades pequeñas creyendo que allí, mágicamente, se resolverán las cosas que uno no ha sabido resolver en donde vive. Y hay gente que se ha mudado con esa esperanza para encontrarse con que se llevó el problema en la valija y sigue acompañándolo.

Sergio Sinay es psicoterapeuta, periodista, escritor, especialista en vínculos....

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